La desigualdad social es también cultural

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La desigualdad social es también cultural

Viendo una entrada de Facebook podrías pensar que Benja Villegas​ es escritor. Pero no. Bueno, de hecho sí. Es escritor. Y también grafista, realizador audiovisual, músico, intérprete de lo propio y de lo ajeno. Creador y creativo, es esencialmente un tipo que coje una idea y la retuerce hasta sacar oro. Polivalente, innovador, colaborador, generoso. Prototipo de perfil multimedia. Del artista que piensa a lo grande. Pero también del DIY or die. Anicet LavodramaLa Perrera o 372 son parte de su talento. Cuando nos explicó su último proyecto transmedia, salivamos. Ya contamos los meses para verlo publicado.

Ahora hagamos una prueba. Cambia los nombres anteriores por otros que conozcas. Un músico, un actor, un escritor. Un redactor, periodista o guionista. Letrista, rapero o cantautor. Cantante, corista o solista. Cómico comediante, humorista. Se me ocurren infinidad de talentos, profesionales o amateurs, dedicando horas y esfuerzo a perseguir ese sueño de vivir de un trabajo que te gusta, donde puedas explotar tu capacidad de crear e innovar. Porque este rasgo, y no el simple acto de pensar, son posiblemente, el elemento realmente distintivo del ser humano.

Leí hace tiempo, creo que en un informe de la Unctad (aunque siguieron otros muchos de distinta procedencia), que entre creadores y creativos se contaban unos 25 millones de personas en todo el mundo; que entre los creadores y quienes explotan la creación, generaban aproximadamente un valor equivalente al 3% del PIB en muchos países (aunque entendemos que en Estados Unidos o en Inglaterra, supera el 7%); que sólo en la Unión Europea las cifras de negocio son superiores a los 800 mil millones de euros… y que el 95% de los trabajadores de los diversos sectores de las industrias creativas y culturales eran autónomos o empresarios unipersonales o microempresas, con menos de 10 trabajadores. Repartiendo el volumen de negocio generado entre todo ese personal que contribuye como el que más a generarlo, trabajar en el sector debería ser un chollo. Pero no. El trabajo es precario, discontinuo pero no en muchas ocasiones fijo, y el reparto de los beneficios no es en absoluto equitativo.

No, no va esto hoy de la piratería, del IVA ni de la poca conciencia del valor de la cultura en nuestra sociedad. Esto va de la desigualdad,  en nuestra sociedades, donde el 1% de la población es tan rico como el 99% restante. La prensa informaba nuevamente sobre el tema a partir de un informe de Credit Suisse, pero ya hace meses Oxfam publició un informe demoledor al respecto. Lo uno me ha llevado a lo otro, y de ahí a reflexionar sobre el reparto de beneficios  en nuestro modelo de industria cultural y del entretenimiento. ¿Quién protege al artista, al creativo, a la fuente del talento? Ya no a la superestrella, sino al artista medio. Si el sistema va a cambiar, ¿hacia dónde? ¿Nos limitamos a las formas de producción, distribución y exhibición? ¿O revisamos en todo ello el reparto de beneficios? Una máxima en la que creemos: quien participa del proceso debe participar del resultado (y “migas” no es lo mismo). Al respecto,  unas palabras de un post de la artista canadiense Zoë Keating siempre resultan útiles para concienciar sobre el cambio necesario para atajar esta desigualdad cultural:

“Si pudiese presionar en nombre de todos los artistas de cualquier parte, pediría lo siguiente: 1) Datos. Quiero mis datos y no veo ninguna razón por la que todo el mundo los tiene y los explota… salvo los creadores que proporcionan los contenidos. 2) No replicar el pasado… no más muestreos ni encuestas… Aprovechemos este maravilloso mundo digital para tener informes permanentes de modo sencillo. 3) Clarificar qué es lo que estamos computando y encontrar un sistema de compensación equitativo, financiero o como sea…”

 

 

 

 

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