Otro proyecto tech que finaliza

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Otro proyecto tech que finaliza

Otro proyecto tecnológico que finaliza. Sí, pero en ese caso se trata del nuestro. Decimos adiós a nuestra app, que pretendíamos fuese el primer mánager digital para artistas y organizaciones de la música, las artes escénicas y el audiovisual. Durante los últimos 30 meses no hemos cejado en el esfuerzo pero asumimos que no podemos ir más allá. Es tiempo de abandonar la parte tecnológica de nuestro proyecto, sólo ésta, pero creemos necesario y útil explicar por qué.

RedClash empezó hace tres años como una startup instrumentalmente tecnológica, con la idea de crear una app que sirviese a artistas y organizaciones para controlar mejor su carrera. Creo que en esta entrada lo explicamos bastante bien. Nos costó dar con un partner tecnológico, pero lo conseguimos. Nos costó encontrar la primera financiación, pero lo conseguimos. Nos costó dar a entender lo que pretendíamos construir, pero lo hicimos. Al final, nada de ello ha sido suficiente, pero por el camino no ha sido en balde y nos ha enseñado bastantes cosas. En tres breves, éstas son las principales.

 

Uno. El developer.

El equipo lo es todo, más incluso que la idea o el dinero. Un equipo con perfiles distintos resulta esencial, y a ser posible con perfiles de comunicación, negocio y desarrollo tecnológico. Este último, el developer, es clave. Así que, siendo dos fundadores y ninguno de ciencias, desde el principio buscamos un socio tecnológico al que incorporar en el proyecto, aunque sin éxito.

Pero si aquí hay un montón de programadores, te preguntarás. Pues sí, pero hay géneros y estilos, como en el arte. El buen programador y con actitud emprendedora, monta su startup y a por todas. El que es bueno pero evita riesgos, espera que le contraten. Si es muy bueno, Google , Spotify o cualquier otro negocio grande, en Estocolmo, Berlin o Londres te pagarán una pasta, posiblemente 80K. Y el que no es especialmente bueno, o aún no es senior, tal vez aspire a un sueldo de 30k. Vale, pero sin inversión nosotros no podíamos contratar a un trabajador. [Nota: Habrás notado que las cifras terminan en “k” y no en “000”, algo muy americano que también utilizan los tipos cool del sector por aquí.]

Por otra parte, lo de ser bueno o malo, que en términos absolutos existe, también resulta relativo. Hay expertos en web, otros en app y algunos especialmente, los más buscados, en app y móvil. Además aprendes que Babel existe, y cada lenguaje tiene pros y contras. Que el que domina javascript tal vez no controle python, que el angularJS sirve para web apps, que está bien para empezar, pero poco más. En fin, que si programar es un reto, que el programador hable tu mismo lenguaje (el real, en término negocio) es casi misión imposible.

Al final encontramos a una startup que desarrollaba versiones básicas de app y empezamos con ellos, externalizando el producto hasta que se vio que nuestra idea era más compleja de lo habitual y requería más conocimiento, tiempo, esfuerzo e inversión.

Dos. El inversor.

El dicho español “que inventen ellos” ya no es válido. Aquí hay mucho talento y el ecosistema startup de Barcelona, por ejemplo, atesora muchísimo. Lo que falta es inversión, así que “que inviertan ellos”. Hay dinero, por supuesto, pero el dinero llama al dinero. Los inversores confían en el equipo, pero ya nadie pone dinero a ciegas con una idea y un equipo. Cabiedes, un inversor Top al que le hemos escuchado sabios consejos, dijo: “No busquéis inversores, buscad clientes. Y ya os encontraremos nosotros”. En resumen, crea un producto, busca clientes (gente que pague) o al menos muchos usuarios (obtén tracción). Y aporta métricas, datos. Que el CAC sea inferior al LTV, o en cristiano: que el coste de adquisición de cada cliente sea inferior al ingreso que te va a generar mientras sea cliente tuyo. Esto lo aprendes en primaria cambiando cromos, pero ahora cobra todo su sentido.

Total, que entre algunos ahorros de nuestros bolsillos, alguna pequeña ayuda ministerial y el dinero que nos reportó el ganar un  premio municipal, conseguimos ir generando recursos para desarrollar primeras versiones del producto. Básico, demasiado básico para la idea que teníamos en mente. Se dice en el sector que lo importante es lanzar algo aún imperfecto, y que no importa si te avergüenzas de tu producto. La segunda versión del nuestro no nos avergonzaba, pero era claramente insuficiente para mostrar auténtico valor y el potencial real. Si lo llegaste a probar seguro que te diste cuenta.

 

Tres. El emprendedor.

El emprendedor, fundador y persona principal, debe dedicar a ello las 26 horas del dia. Como diría Clint Eastwood, “bebes, meas, y sudas emprendeduría todo el dia”. O tal vez no fue él. Crear una startup tecnológica a tiempo parcial es casi imposible, a no ser que tengas veinte años, o un equipo de más de 2 personas. Crear y vender forma parte del todo y casi de forma simultánea. Y el tiempo apremia. Demorarte seis meses puede dar al traste con tu proyecto. Y en numerosas ocasiones pensamos que alguien en Silicon Valley o en Berlin estaría pensando en algo igual a lo nuestro.

Al final, en Israel se han acercado bastante, y una app como Revelator, fundada en 2013, más o menos como nuestra startup, ha salido al mercado con muy buena pinta. Y con 4,5 millones de dólares de inversión. Inalcanzable.

Y no quiero olvidarme que hemos conocido a un montón de gente interesante y apasionada, talentosa y generosa, dispuesta a echarte un cable, o compartir conocimientos siempre que ha surgido la oportunidad. Así que hasta aquí llega nuestra app.

Cuando finalmente, y eso hemos estado haciendo tras el parón veraniego, hemos asumido que no íbamos a dar el salto necesario y que debíamos centrar los esfuerzos de RedClash en la parte non-tech del proyecto: formación, comunicación y negocio pero con la misma finalidad. Pronto más noticias. Deja tu email en el formulario abajo si quieres más información.

 

 

 

 

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